«No le tengo miedo a la inteligencia artificial, le tengo miedo a la estupidez humana»

«Esta es la última generación de seres humanos mortales». Esta es una de las afirmaciones del controvertido divulgador científico José Luis Cordeiro, ingeniero transhumanista, venezolano hijo de españoles, y miembro de la Academia mundial de arte y ciencia, que asegura que en 20 años «vamos a detener el proceso de envejecimiento, seremos capaces de rejuvenecer» y veremos «la muerte de la muerte«. Así se titula su próximo libro, que será publicado por la Editorial Planeta el próximo año. ABC lo entrevistó en La Coruña, en el marco del ciclo «Galicia en la encrucijada. Ciclo de conferencias sobre Demografía y Futuro» organizado por la Fundación Barrié y la APD.

Hay quienes lo tachan de sensacionalista. ¿Qué le responde a sus detractores?

-Algunos atacan al mensajero en vez de atacar el mensaje. Google creó Calico para curar el envejecimiento, Microsoft anunció que va a curar el cáncer en diez años… De todo esto no solo hablo yo. Y mis credenciales son impecables: estudié en el MIT, en Insead, he escrito 12 libros, he trabajado con muchas instituciones. Las cosas que digo yo sobre la longevidad no las digo yo, sino gente que está trabajando en ello. Este año organicé en Madrid junto con el CSIC la Cumbre Internacional de Longevidad y Criopreservación, donde hablaron científicos de tanto renombre como María Blasco o Juan Carlos Izpisúa Belmonte.

Pero estas personas no manifiestan públicamente estas ideas de forma tan abierta como usted. ¿Por qué?

-La prueba de que la inmortalidad es posible es que ya existen células que lo son, como las germinales y las cancerígenas, que no envejecen, pero los científicos que trabajan en estas áreas y que dependen de financiamiento público tienen que ser sumamente cuidadosos con sus opiniones.

¿Por qué usa corbatas de Mickey Mouse? Es significativo ya que se dice que Walt Disney está criopreservado.

-Yo comparo a Petróleos de Venezuela con Mickey Mouse, que es un ejemplo de lo que llamo «mentefactura» versus el petróleo, que es la manufactura. Es el primer ratón inmortal, es innovación, creatividad e imaginación. La criopreservación es lo que llamo el plan B para prolongar la vida y luchar contra las enfermedades. El plan A es ser siempre jóvenes e inmortales. Para que la gente entienda la criopreservación, basta con ver la fertilización in vitro: ¡hay miles de seres humanos que fueron embriones congelados!

Su visión del futuro no es nada apocalíptica. Usted dice que el planeta va a poder soportar a una gran cantidad de personas gracias a que la ciencia y la tecnología permitirán aprovechar de forma más eficiente los recursos. ¿Cómo será posible?

-Peter Diamandis, uno de los fundadores de Singularity University (patrocinada por Google y la NASA) explica en el libro «Abundancia: el futuro es mejor de lo que piensas» que, durante el proceso evolutivo, obviar una noticia mala suponía un riesgo de morir. Imagínate que hay un león hambriento cerca de ti, pero tú no enteras: te come. Tenemos una predisposición biológica a amplificar lo malo, aunque la realidad es que casi todo es bueno. La condición humana sólo ha ido a mejor con el paso del tiempo: vivimos más, vivimos mejor. Muchas enfermedades son curables o tratables con tratamientos cada vez más baratos. Vamos a pasar de una economía de escasez a una economía de abundancia. El mundo del futuro va a ser mucho mejor que el de hoy, vamos a producir más con mucho menos. El proceso evolutivo es positivo, lo demuestra la historia, y con tecnología e inteligencia artificial lo será más aún.

Sin embargo, las noticias hacen difícil imaginar un futuro tan maravilloso como el que usted pinta.

-El libro «Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones», del profesor de Harvard Steven Pinker, habla de cómo nunca hemos vivido un tiempo mejor que el actual. A pesar de las guerras, del terrorismo, somos mucho más pacíficos, hemos evolucionado. Un ejemplo es la condición de las mujeres: hace un siglo aún eran consideradas prácticamente animales.

Usted habla de la singuralidad, de la convivencia entre seres humanos y robots. Empresas del sector automovilístico como Ford y Tesla incluso han contratado a expertos en filosofía para dar luz al tema de cuando un coche sin conductor tenga que tomar una decisión de vida o muerte. ¿Cuáles son las implicaciones éticas de todos estos cambios?

-Son muchas, claro, pero ¿quién puede estar en contra de vivir mejor, de vivir más, de ser más inteligente? Estamos creando inteligencia artificial que va a llegar a los niveles humanos. Elon Musk, cofundador de Tesla Motors, ha creado la compañía Neuralink para conectar nuestros cerebros a internet como un mecanismo de control sobre lainteligencia artificial. Personalmente creo que estas inteligencias artificiales nos van a hacer más inteligentes y más éticos. Como somos desconfiados, tenemos miedo a algo distinto. Por ejemplo, no creo que la clonación, a la que se teme, vaya a ser usada para la reproducción, sino para fines terapéuticos, como clonar órganos. Yo no le tengo miedo a la inteligencia artificial, a lo que le tengo miedo es a la estupidez humana. Afortunadamente creo que vamos a trascender esa estupidez. Y la ética ha evolucionado mucho. Hasta hace poco las mujeres no votaban, teníamos esclavos…

Toda suena muy idílico, pero ¿no cree que todo esto podría provocar conflictos sociales?

-Las religiones, sobre todo las monoteístas que son más doctrinarias, se van a oponer. Esto no es nuevo: a Darwin los anglicanos le dijeron que ellos no descendían de los monos, Galileo Galilei fue juzgado por la Inquisición… ¡pero es que estamos quitándoles el negocio! La muerte de la muerte es la muerte de la religión, porque la religión vive de la muerte. En unos sitios habrá menos oposición, como en Japón, donde aman a los robots, no como nosotros en Occidente que les tenemos miedo.

¿Por qué predice que será en el año 2045 cuando se alcance la singularidad tecnológica?

-Estas predicciones son de mi amigo Raymond Kurzweil (director de ingeniería de Google). Él dice que en el 2029 las máquinas van a pasar el test de Turing, es decir, que no vamos a poder reconocer si estamos hablando con una máquina o con un humano. Las inteligencias artificiales van a tener que «estupidizarse» para estar al nivel humano. Él prevé que en el 2045 alcanzaremos la singularidad tecnológica y una de sus consecuencias es la inmortalidad. Puede parecer muy pronto, pero los cambios se están produciendo de forma exponencial, no lineal. Los próximos 20 años van a ser como los últimos 2000 años a nivel de cambios tecnológicos.

Cordeiro, el ‘profeta de la inmortalidad’, vuelve a la carga: «En 20 años llegará la muerte de la muerte»

El ingeniero del MIT, cuyas polémicas afirmaciones han sido desmontadas por distintos expertos, insiste en sus teorías. «Me llena de orgullo que a mis amigos y a mí nos llamen charlatanes, mentirosos y anticristo. Pero nosotros no pensamos morir», afirma.

José Luis Cordeiro no es neurocientífico, ni oncólogo, ni microbiólogo. De hecho, lo repite varias veces a modo de extraña advertencia. Sin embargo, este ingeniero del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) lleva años dando conferencias en distintas instituciones científicas y no científicas, a un lado y otro del charco, en las que afirma que «en un par de décadas, hacia 2045, llegaremos a la muerte de la muerte». Es decir, que el hombre morirá a causa de accidentes, pero nunca por causas naturales. Y no sólo eso, sino que en 30 años él mismo será aún más joven que ahora y no habrá enfermedad alguna que pueda acabar con los seres humanos.

El discurso de Cordeiro (Caracas, 1962) no les sonará nuevo ya que este polémico «tecnólogo», tal y como él mismo se define, ha aparecido en infinidad de periódicos, radios y televisiones de España y Latinoamérica afirmando que «la muerte va a ser una opción». Este martes, durante la presentación en Madrid de La muerte de la muerte (Deusto), el libro que acaba de publicar en nuestro país junto a David Wood, otro ingeniero de la Universidad de Cambridge y codirector de organizaciones tan pintorescas como Millennium Project y London Futurists, volvía a hacerlo. «Me llena de orgullo que a mis amigos y a mí nos llamen charlatanes, mentirosos y anticristo. Pero nosotros no pensamos morir. Es más, en 30 años pensamos ser más jóvenes que hoy», aseguraba Cordeiro.

La referencia a la charlatanería no es una licencia gratuita. El diario El País publicó el pasado mes de diciembre un reportaje en el que científicos españoles de renombre internacional como Juan Carlos Izpisúa, del Salk Institute for Biological Studies, en La Jolla (San Diego), o Manuel Collado, director del laboratorio de Células Madre en Cáncer y Envejecimiento del Complejo Universitario de Santiago, cuyos estudios cita Cordeiro para hilvanar su discurso fantástico, desmontaban las afirmaciones de este venezolano.

Un discurso que «no se sostiene»

«Afirmar que la ciencia va a lograr en las próximas décadas que seamos inmortales no se sostiene de ninguna manera con los datos científicos actuales y no se sostendrá nunca. (…) La inmortalidad es incompatible con la evolución», aseguraba Izpisúa. Ramón López de Mántaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA) del CSIC, directamente lo calificaba como «charlatán», y María Blasco, a la que Cordeiro cita en sus conferencias, no quiso hacer ningún tipo de declaración para «no continuar dando publicidad a un individuo del que no entiende la relevancia».

La cosa no queda aquí. La Singularity University, una institución patrocinada por Google y la NASA que Cordeiro utilizaba para dar lustre a su currículum y de la que decía ser «profesor fundador y asesor de energía», también desmentía esta vinculación. «José Luis Cordeiro no está en absoluto afiliado con la SU. Es lamentable que haya decidido presentarse a sí mismo de esa manera engañosa«, decían al periódico de Prisa fuentes de esta institución.

Pero Cordeiro, lejos de achantarse, no se baja del burro. «He estado toda la vida dedicado al mundo futurista desde que estudié en el MIT. Yo soy uno de los profesores fundadores de la Singularity University. Lo digo porque hay un problema personal con el nuevo presidente de la compañía, que fue un alumno malo, y me parece de muy bajo nivel que algo personal se quiera hacer público», asegura a la vez que se autocalifica como «el Aubrey de Grey en habla hispana».

De Grey, el polémico gerontólogo y director científico de la SENS Research Foundation, es otro de los científicos que Cordeiro cita habitualmente en sus charlas ya que él también está convencido de que el ser humano podrá vivir casi eternamente gracias al avance de la medicina. «Ni David [Wood], ni yo, ni Aubrey de Grey, ni Ray Kurzweil pensamos morir. Y quiero enfatizar esto porque Ray asegura que va a llegar muy pronto a la velocidad de escape de la longevidad. Eso le va a permitir vivir indefinidamente. Nosotros estamos trabajando en el rejuvenecimiento, y esperamos que esto ocurra la próxima década. Si no en la década de 2020, será en la de 2030″, afirma.

«La última generación humana mortal»

Para hacer semejantes afirmaciones, Cordeiro se vale de una corriente denominada «singularidad tecnológica», que apunta que el progreso tecnológico y la inteligencia artificial serán las herramientas que acabarán con la «edad humana» y darán lugar a la «edad posthumana». «La inmortalidad no era posible en el pasado porque no teníamos tecnología. Pero actualmente la tenemos», afirma. El venezolano apunta que en apenas unos años la humanidad verá cómo las máquinas llegarán a tomar conciencia, tendrán una capacidad muy superior a la de los humanos y que, justo en ese momento, algún software podrá ayudarnos a conseguir «la muerte de la muerte». Tal cual.

En el hipotético caso de que esto ocurriera, ¿estaríamos preparados para ello? Cordeiro responde fiel a su estilo: «Tú no estás preparado para casarte hasta que te toca casarte, ni para tener hijos hasta que te toca tener hijos. Tú no estás preparado para ser inmortal hasta que eres inmortal. En dos años tendremos las primeras terapias comerciales para el rejuvenecimiento. El sueño de la humanidad ha sido la inmortalidad, y hoy tenemos la tecnología para ello», insiste.

José Luis Cordeiro, que no duda en citar al filósofo Arthur Schopenhauer cuando la sombra de la duda planea por la sala -«Toda verdad pasa por tres etapas. Primero es ridiculizada. En segundo lugar, se encuentra con una violenta oposición. Y en tercer lugar es aceptada como evidente»- asegura que los científicos y médicos que niegan sus teorías no pueden decir realmente lo que piensan ya que reciben fondos públicos de distintas instituciones. «Juan Carlos Izpisúa, al que comprendo y admiro, no puede decir estas cosas como las decimos nosotros porque nosotros no respondemos ante nadie, sino ante nosotros mismos», asegura.

Sea como fuere, el ingeniero venezolano inicia una gira por España en la que presentará su libro en distintas ciudades pese a que buena parte de la comunidad científica no da ningún pábulo a sus afirmaciones. Él, lejos de sentirse intimidado, no tiene ninguna intención de recular: «Esta es la última generación humana mortal y la primera generación inmortal. ¿Dónde quieren estar ustedes?«. En unos años podremos comprobarlo

José Luis Cordeiro: «Dentro de 25 años, morir será opcional»

Este ingeniero sostiene que la investigación genética y las técnicas de rejuvenecimiento celular acabarán con las enfermedades incurables y convertirán la vejez en un mal evitable.

Habla con el énfasis extasiado de los iluminados, se define como «futurista, transhumanista e inmortalista» y viste corbatas decoradas con la portada de su último libro, ‘La muerte de la muerte’ (Deusto), escrito al alimón con el tecnólogo británico David Wood, donde anuncia que los avances de la ciencia están llevando al ser humano a tocar la inmortalidad con la punta de los dedos. Por lo que dice y por cómo lo dice, José Luis Cordeiro (Caracas, Venezuela, 1962) está condenado a que lo tomen por un vendedor de crecepelos. Consciente de esta sospecha, su defensa consiste en enumerar los hallazgos científicos que le permiten proclamar su profecía. El tiempo dirá si estamos en presenciad de un charlatán provocador o del visionario que supo anticipar el mayor acontecimiento de la historia de la humanidad.

Comprenda que dude de su pronóstico. Convénzame. Claro que comprendo sus dudas, convivo con ellas a diario, pero también dudaron de Darwin y Galileo, y luego les dieron la razón. Para convencerle, puedo hablarle de la técnica descubierta por el premio Nobel japonés ShinyaYamanaka para convertir cualquier célula del cuerpo en una célula embrionaria y rejuvenecerla cambiando sus genes. ¡Esto es orgásmico! ¡Y se está haciendo! ¡Ya podemos controlar la edad biológica de nuestras células!

Usted habla de hacerlas inmortales. Me refiero a las células y a las personas. Lo afirmo partiendo de investigaciones como las que lleva a cabo en el CNIO la bióloga María Blasco, que ha creado ratones un 40% más longevos. O Juan Carlos Izpisúa, que ha logrado lo mismo mediante técnicas diferentes. O los hallazgos de Michael Rose, que ha multiplicado por cuatro la vida de la mosca de la fruta. No somos conscientes del impacto que van a tener en nuestras vidas los tratamientos génicos, la regeneración de tejidos y la impresión de órganos. En dos décadas, pensaremos que la medicina de hoy era como la de los egipcios.

Se atreve, incluso, a dar una fecha: 2045. ¿Qué pasará ese año? No la doy yo, la dan investigadores como el tecnólogo Raymond Kurzweil, que pronostica que ese año tendrá lugar la Singularidad y la inteligencia artificial superará a la inteligencia humana. Dentro de 25 años, el envejecimiento será una enfermedad curable y morir o no morir será opcional. Antes hay otra fecha importante: el 2029. Según Kurzweil y el gerontólogo Aubrey de Grey, ese año alcanzaremos la velocidad de escape de la longevidad. Es decir: a partir de entonces, por cada año que vivamos, ganaremos uno más de longevidad.

Suena a ciencia ficción. Dígaselo a los responsables de la NASA, Google, Amazon, Facebook, Microsoft o IBM, que están invirtiendo millones de dólares en investigaciones relacionadas con la longevidad. ¿Cree que si esto fuera ciencia ficción gastarían en eso su dinero? Dentro de poco, la industria del rejuvenecimiento será la mayor del mundo.

Ninguno de los científicos que ha nombrado se atreve a firmar sus profecías. De hecho, algunos se lo reprochan. Hablar de vencer a la muerte colisiona con los principios religiosos de cierta gente, los investigadores se arriesgarían a perder fondos si lo hicieran, es normal que sean prudentes, se juegan su dinero y su prestigio. Por otro lado, la investigación avanza menos rápido de lo que podría por el exceso de controles que hay en los experimentos. En los temas de salud, en muchos países se va con demasiado temor. En otros, como China, no discuten lo que estoy contando. Directamente, lo están haciendo realidad.

Si nadie va a morir, ¿qué mundo nos espera, uno lleno de ancianos? El objetivo no es alargar la vejez eternamente, sino vivir jóvenes por tiempo indefinido, y esto será posible gracias a las investigaciones de rejuvenecimiento celular que ya se están probando. No se trata de extender la vida, sino de expandirla. En un futuro no muy lejano, el ser humano tendrá capacidades que hoy ni sospechamos.

¿Qué ocurre con los que han de afrontar la muerte en los próximos años? Morir cuando falta poco para que podamos vencer a la muerte es un drama terrible. Para ellos existe un ‘plan b’: la criopreservación. Hablo de congelar sus cerebros para implantarlos en el futuro en cuerpos creados artificialmente. Es lo que me gustaría hacer con mi madre.

¿No cree que la muerte forma parte de la vida? No, la vida se creó para vivir, no para morir, y hay multitud de casos en la naturaleza que lo demuestran. Las primeras formas de vida que hubo, las bacterias, son biológicamente eternas. Usted lleva en su interior células inmortales, las germinales, que pueden reproducirse indefinidamente. Es más: las células cancerígenas nunca mueren, por eso los tumores crecen sin parar. Yo soy ingeniero y en mi oficio hay una norma: cuando algo funciona, no lo cambies. No tenemos que inventar nada, la inmortalidad ya existe en la naturaleza.

La tecnología que haría posible el paradigma del que habla se antoja cara. ¿La inmortalidad será solo para ricos? En absoluto. Una vez descubiertos los mecanismos del rejuvenecimiento celular, ponerlos en práctica es sencillo y barato. Estamos hechos de agua, carbono, potasio, nitrógeno, elementos abundantes en la naturaleza. Usted es muy barato, no cuesta ni 100 dólares.

¿No le inquieta la idea de vivir eternamente? Me parece fantástica. Tengo tanto por hacer que me faltará tiempo. Hablo cinco idiomas y he estado en 137 países. Me falta conocer el resto de lenguas, visitar el resto de países, leer los libros que no he leído, viajar a otros planetas. No sé usted, pero yo lo tengo claro: no pienso morirme, ni tampoco aburrirme.

Habrá quien no lo vea así. Sin duda, habrá quien prefiera morir, igual que los amish han decidido vivir en el pasado. Me parece bien, quien quiera morir, que se muera. Esto ya lo hemos vivido. Descendemos de simios que decidieron evolucionar, pero hubo otros que prefirieron quedarse como estaban. El que quiera seguir siendo chimpancé, que lo sea, pero yo quiero más, y hoy es posible.

Sorprende su optimismo tecnológico. ¿No cree que la posibilidad de vencer a la muerte abrirá la puerta a otros problemas? Seguro que sí, igual que en el pasado hubo problemas cuando se dieron cambios trascendentales, pero les haremos frente. No hablo de si esto va a ocurrir o no, sino de cómo nos preparamos para lo que va a venir. Esta tecnología no se va a desarrollar en España. Aquí sigue pesando la mentalidad cristiana, el primitivismo y la charlatanería. Esta revolución la van a dirigir los chinos, los coreanos, los japoneses. Europa es el pasado, América es el presente y el futuro se llama Asia. Esto es así hasta desde el punto de vista religioso.

¿A qué se refiere? Las religiones asiáticas creen en la superación humana. En cambio, el cristianismo y el islam, no. Aquí decimos que fuimos creados a semejanza de Dios. En el budismo y el hinduismo, tú puedes llegar a ser Dios. Vamos a esto, a trascender la condición humana para entrar en una etapa post humana. Seremos súper longevos y súper inteligentes.

¿Cree en Dios? Todavía no existe Dios. Nosotros, los humanos, lo vamos a crear.

Sus afirmaciones crean polémica. No es difícil encontrar en internet referencias donde le tachan de charlatán. ¿Qué tiene que decir? Lo que decía Schopenhauer: «Toda verdad, primero es ridiculizada, luego choca con una violenta oposición y al final es aceptada». Yo no hago esto por interés. Tengo la vida resuelta y no me interesa ser el más rico del cementerio. Los derechos de este libro los donaremos a la fundación SENS de California, dedicada a investigar en rejuvenecimiento, y a la asociación española Apadrina la Ciencia. Hago esto porque amo la vida y quiero hacer lo que esté en mi mano para vencer a la muerte lo antes posible.

¿Y si sus pronósticos no se cumplen? ¿No teme crear falsas expectativas en la gente? No tengo la menor duda de que lo que digo va a ocurrir. No hablo de religión ni de filosofía, hablo de ciencia. No soy ningún loco, se lo digo mirándole a los ojos: no solo no me voy a morir sino que en 30 años seré más joven de lo que soy hoy. Le reto a que lo compruebe.